¿Etapa fotográfica o etapa vital?

Buenas,

hoy os traigo al blog una faceta por la que creo que pasan muchos bebés y que a mí personalmente me entusiasma. No es raro coger el móvil un día y encontrarte con aplicaciones cambiadas de sitio, o con algún contacto borrado. Yo personalmente no soy de ofrecer a Zoe el móvil para jugar (ni la tablet) pero tampoco me vuelvo estricta con la advertencia de “no exponer a los bebés a pantallas antes de los 3 años”. El móvil, sobre todo, es parte cotidiana de mi vida y si mi hija me ve manejarlo pronto le entrará la curiosidad de deslizar sus deditos por la pantalla y ver qué pasa… Y así ha sido.

Me sorprende lo resuelta que es con la herramienta, aún cogiéndolo en momentos muy puntuales. El otro día la sorprendí enviando un mensaje de voz a través de whatsapp. Sabéis lo complicado de su manejo ¿no? Hay que mantener el “botón” de grabación pulsado mientras creas el audio y después soltar para enviar. Bueno, pues envió el mensaje con la frase completa sin que nadie le explicara cómo debía hacerlo. Menos mal que lo envió a un conocido cercano y no a algún contacto de la agenda puntual.

El caso es que igual que la aplicación de whatsApp ya sabe qué aplicación tiene que pulsar para acceder a la cámara del teléfono y hacer fotos. Me encantan estas fotos… Son su mirada del mundo, su aprendizaje constante traducidos en un sinfín de instantáneas que pronto me colapsan la memoria del teléfono. A veces encuentro 60 fotos de un mismo objeto y otras, preciosos selfies capturando su concentración en el juego.

Os dejo aquí una pequeña muestra:

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Cuando la veo tan concentrada en su juego cada vez tengo más clara la opción de “no intervención” por parte del adulto. Si no juzgo, (¡Qué bonito!) ella creará su propia visión y criterio, sin opiniones ajenas. Si no intervengo (¿Qué haces? ¿Fotos? A ver… ) el aprendizaje será realmente libre. Estas fotos de mi hija no son bonitas o feas, no tienen una finalidad artística, no conllevan una meta a conseguir (encuadrar, enfocar…), ni siquiera son parte de una práctica para perfeccionar nada. Simplemente son pequeñas joyas que poder conservar de su etapa de desarrollo, momentos valiosos de sus dos intensos años de vida.

Por estas cosas, ¡qué demonios! que me colapse la memoria del teléfono una y mil veces si quiere.

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Nuestra mesa de la paz

Ayer por la tarde decidimos crear nuestra mesa de la paz en casa. Seguro que habéis oído de qué se trata, pero, por si acaso no, os cuento que la mesa de la paz es un rincón del hogar al que acudir cuando estamos enfadados, furiosos, tremendamente tristes… un lugar para identificar nuestras emociones y calmarlas con el fin de poder hacer la convivencia más tranquila y respetuosa.

Puede ser una alternativa al famoso “rincón de pensar”, aunque muuuuuy diferente a éste (tanto en forma como en concepto). Y ser una herramienta más para sobrellevar las rabietas, tanto de pequeñxs como de adultxs.

A lxs niñxs les sirve para identificar mejor sus emociones y salir del desbordamiento sentimental en el que se encuentran, y a lxs adultxs de la casa a controlar nuestra ira y estrés a la vez que cultivamos dosis extra de paciencia.

Esta es nuestra Mesa de la Paz:

Mesa de la paz

Mesa de la paz

Como veis es muy sencilla de hacer. Se trata de buscar un lugar de la casa. No hace falta que sea muy grande, ni siquiera que sea una mesa como tal. Nosotras hemos utilizado un taburete de madera de 15 cm de altura al lado del sofá del salón y con esto nos vale.

Sobre la superficie hemos colocado un pañuelo brillante a modo de mantel y sobre él, elementos que nos pueden transmitir tranquilidad y bienestar.

Nosotras hemos optado por distintos elementos con utilidades diferentes:

  • Un par de pulseras brillantes de colores: Para ponértelas y sentir “la paz”
  • Un corazón de madera: (Este elemento lo eligió Zoe) para acercarlo al pecho y sentir las pulsaciones de nuestro corazón enfadado y poco a poco dejar que disminuya la velocidad.
  • Un espejito: Para ver nuestro reflejo rabioso y probar a cambiar el gesto ¡Nuestra sonrisa es más bonita!
  • Un cuarzo rosa (la piedra del amor): para sostenerla un ratito o mirar tras ella y ver el mundo desde otro punto.
  • Un elefante de goma: Para descargar nuestra rabia, estrés, frustración… puedes estrujarlo, morderlo, lanzarlo lejos… (eso sí, luego debe volver a su sitio para futuras veces)
  • Un foto familiar: En esta foto compartimos un momento feliz en familia, y debe ser esta la imagen que guardamos en nuestra mente sobre nosotrxs. Podemos mirarla y reconocernos en ese momento feliz.
  • Un piña: Este elemento natural irá cambiando según la estación en la que estemos. Aunque aún no ha llegado el otoño, lo tenemos a la vuelta de la esquina, así que hemos elegido una piña como símbolo de la naturaleza.

Los elementos pueden ser los que queráis, este es nuestro ejemplo de mesa. Pero en la blogosfera maternal hay infinidad de mesas de la paz que os pueden inspirar.

Espero que os guste y os animéis a crear la vuestra. Os aseguro que tiene mucha utilidad dentro de una crianza feliz y respetuosa. ¡Buen fin de semana!

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¿Conciliar? Tururú

Mis padres me llevaron por primera vez a una escuela infantil cuando ya tenía más de 3 años y medio, y por aquel entonces era una escuela infantil y no un “cole de mayores”. Preescolar (ya en el centro escolar) comenzaba el curso en el que los niños y niñas cumplían 4 años y trataba de dos cursos completos, P4 y P5. Ya con seis años todo niño o niña viviente era escolarizado como marca la ley, en primer curso de primaria o EGB. Eso del homeschooling no se estilaba (o desde luego, si alguien elegía la opción de educar en casa guardaba el secreto como un tesoro). De unschooling ya ni hablamos.

De la escuela infantil no tengo apenas recuerdos, pero mi madre sí me ha contado mil veces que cada día, uno detrás de otro, y así todos los días del curso, me quedaba llorando a moco tendido cuando mi madre se alejaba y me dejaba en manos ajenas. Eso sí, en el momento que entraba en el aula mis lágrimas cesaban y muy “resignadita” dejaba que pasaran las horas hasta nuestro nuevo encuentro. ¡Tenía un cuento…! NO, dejaba de llorar porque al no estar mi madre, figura de apego seguro para mí, de nada servía mostrar mi tristeza a quien no podía consolarme. Yo quería que me secara las lágrimas mi madre, no me servía cualquier abrazo, quería su calor y sólo el suyo.

Hoy en día, parece que este desapego forzado debe darse mucho antes de los tres años y medio. Los gobernantes de este país piensan que la mejor medida de conciliación es abrir cada vez más escuelas infantiles desde 0 años. Yo creo que es porque no saben lo que significa la palabra conciliar. Conciliar es poder acompañar a tus hijxs en su desarroyo de aprendizaje natural y afectivo sin arriesgar tu carrera profesional, es decir, garantizar tu puesto de trabajo y sueldo sin que eso perjudique la infancia de tus hijxs. Para ellxs, lxs gobernantes, conciliar significa que tú sigas trabajando el mismo tiempo que antes en el lugar en el que lo hacías mientras otrxs cuidan de tus hijxs. ¡Pero qué mierda es esta!

La parlamentaria Licia Ronzulli con su hijo, durante una sesión en Bruselas

La parlamentaria Licia Ronzulli con su hijo, durante una sesión en Bruselas. Este es su modo de defender su derecho a conciliar.

En otros países de la unión europea, la infancia es prioridad y existen leyes de conciliación REAL. Para empezar los permisos de maternidad suelen durar una media de 2 años, sin que eso interfiera en la garantía del puesto y sueldo que los padres tenían. Pudiendo además compartir este permiso con la pareja, de forma que muchas familias deciden que la madre esté el primer año y el padre el segundo, por ejemplo.

En España los permisos de maternidad son irrisorios. 16 semanas con tu bebé y luego búscate la vida, amiga. Ni siquiera se respetan los 6 meses de lactancia exclusiva que promueve la OMS, y si quieres continuar ofreciéndole a tu hijx tu leche no te queda otra que ordeñarte tú misma o con un sacaleches en la oficina y a escondidas. Es devastador ver a mujeres embarazadas asistiendo a jornadas de puertas abiertas de las escuelas infantiles, antes de que nazca esa criatura ya están presentando solicitudes para que otrxs se hagan cargo de ellas mientras los padres trabajan. ¡Es de locos!

Este año mi hija de dos años ha comenzado en una escuela infantil diferente a la del año pasado. Ella tuvo que separarse de nosotros forzosamente con año y medio. Y este año, para nuestra sorpresa, va “al cole” tan feliz. Se despierta cada mañana con una sonrisa y casi sacándonos de casa para ver a Susana (su tutora) y sus nuevos amigos. Por un lado me voy a trabajar tranquila, pero por otro… no dejo de pensar en lo rápido que mi hija a interiorizado la separación y que tras un año (el pasado) de llantos constantes durante 5 largos meses hasta que consiguió “adaptarse” a su escuela, haya aceptado (y de buen grado, además) el separarse seis horas al día de sus progenitores.

No es justo.

No es justo que nuestrxs hijxs tengan que madurar a marchas forzadas. No es justo que entiendan lo que es la separación tan pronto. No es justo que les robemos su infancia en la forma que lo hacemos. No es justo que nos arrebaten un vínculo creado o por crear (muchos bebés pasan casi más horas en la escuela infantil que con sus padres). No es justo que vivan la resignación en sus pequeñas mentes y cuerpecitos. No es justo que no nos dejen conciliar de verdad.

Luego estxs bebés van al colegio y muchos se ven obligados a quedarse a clases extraescolares (que les viene muy bien) o incluso se acercan a recoger a sus padres del trabajo porque estos salen más tarde de trabajar que ellos del colegio. Y luego, cuando por fin todos los miembros del hogar se encuentran juntos para compartir tiempo, éste siempre es escaso: hay que limpiar la casa, ir a hacer la compra, hacer la comida del día siguiente… y deberes, montañas de deberes, infinidad de deberes… Volvemos a forzar su madurez. Volvemos a robarles la infancia que merecen.

¿Donde queda el tiempo de juego, de mimos, de guerras de almohadas y cosquillas? ¿Cuándo nos damos besos y abrazos? ¿Cuando compartimos una charla enriquecedora? ¿Qué pasa con el tiempo de placer que merecemos como seres humanos?

Nuestrxs hijxs son nuestrxs espejos. Nosotras y nosotros somos su filtro para entender el mundo y la forma en la que lo vivimos la vida les servirá de guía a ellxs. ¿Queremos que vivan su vida sintiéndose libres y dueñxs de su destino? ¿O atrapados en un sistema absurdo de producción y consumismo compulsivo?

Aquí os dejo algunas plataformas y peticiones para conseguir en España una conciliación real. No dejéis de asociaros y firmar, porque todo apoyo es poco. Merecemos una conciliación real, tanto padres y madres como hijos e hijas.

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No quiero olvidar tus palabras de Dos

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Hoy he recordado esa preciosa entrada en el blog de Myriam Moya (En Minúsculas) titulada “Palabras que Crecen”. Hoy he querido recoger de pronto todas esas palabras que mi hija dice con su ‘lengua de trapo’ y que no me gustaría olvidar. He querido, sin intención de plagiar la entrada de Myriam, más bien tomándola de inspiración, recoger todas las palabras que sé que un día dejará de pronunciar de esta manera, para acercarse a la comunicación estándar establecida… Ese día dejará de ser único su vocabulario y hablará “como todo el mundo”. Me encanta oírla hablar, me encanta su forma de expresarse, de comunicarse conmigo y el resto del mundo. Me encanta la sensación de entender yo y sólo yo lo que quiere decir mientras el resto del planeta se pregunta “¿qué dice?”.

Estas son algunas de las palabras que suenan de forma genuina en boca de Zoe y que no me gustaría olvidar:

  • Alora = Ahora
  • Xugá = Jugar
  • Fuento = Cuento
  • Pito = Abuelito
  • Pita = Abuelita
  • Canxón = Canción
  • Pichina = Piscina
  • Teto / titita = teta / tetita
  • Mocacone = Macarrones
  • ¿Qué ase? = ¿Qué haces?
  • Coxe = Coche
  • Api = Aúpame / arriba
  • Naxia = Gimnasia
  • Xituna = Aceituna
  • Aió = Adiós
  • = Pez
  • U Bisito = Un besito
  • U abaxo = Un abrazo
  • Ten = Tren
  • Pepi y Bai = Epi y Blas
  • Kekos = Conejos
  • Vevo = Huevo
  • Mamá, cuxa = Mamá, escucha
  • Cacaca = Naranja
  • Seuale = Cereales
  • Depasito = Despacito
  • Mu aandeee = Muy grande
  • Choe = Zoe

Tu voz suena en mi cabeza cuando te recuerdo, hija. Pienso que el tiempo se escurre bajo nuestros pies e intento recoger cada momento que vivo contigo, grabarlo en mi mente… No sólo las imágenes, también los sonidos, las sensaciones de amor infinito cada vez que con tus manitas coges mi cara y la acercas a la tuya para decirme “Te quero muxo, mamá”… creces deprisa, y de esto no me hablaron cuando preguntaba por lo que era ser madre.

Seguro que vuestrxs hijxs también inventan su vocabulario particular. ¿Lo queréis compartir?

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La Canción de La Semana #27: BSO Song Of The Sea | Lisa Hannigan – The Song

El lunes vi una película en casa con Zoe. No solemos ver mucho la tele, pero esta película la tenía pendiente de ver y el lunes que todavía hacía fresquete para salir mucho rato a jugar nos vimos esta preciosa película de animación en casa: Song of the sea del director Tomm Moore, nominada en esta edición de Los Oscars 2015 a Mejor Película de Animación. Y no es para menos. Una cinta que habla de la importancia de expresar las emociones, del amor y el odio entre hermanos, llena de magia, misterio, tragedia y comedia… con ilustraciones bellísimas y una banda sonora… ¡espectacular!

Aquí os dejo el trailer oficial.

Llevo un rato buscando la escena final donde se canta “The Song (La Canción)” pero no está abierta. Casi mejor, porque así no desvelo el desenlace. En su lugar os dejo sólo el audio y la letra. No dejéis de verla con vuetrxs niñxs, que seguro les entusiasma.

 THE SONG

Between the here, between the now
Between the north, between the south
Between the west, between the east
Between the time, between the place

From the shell
The song of the sea
Neither quiet nor calm
Searching for love again

My love

Between the winds, between the waves
Between the sands, between the shores

From the shell
A song of the sea
Neither quiet nor calm
Searching for love again

Between the stones, between the storms
Between the belief, between the seas

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Próximo concierto en la III Jornada de Lactancia de Morata de Tajuña

¡Hola a todxs!

Este domingo, día 21 de junio, tendré el privilegio de dar un concierto dentro de una jornada muy especial. Se trata de la III Jornada de Lactancia y Crianza con Apego de Morata de Tajuña.

El concierto amenizará el desayuno en el exterior del polideportivo, sobre las 11.30h, donde espero ver a familias teteando y porteando sin parar.

Aquí os dejo el cartel donde, como veis, habrá presentaciones de libros, charlas sobre embarazo, parto, postparto y crianza, talleres de interés, educación, sorteos y por supuesto: ¡Música!

IMG-20150516-WA0000También, dentro del mercadillo artesanal habrá un stand destinado a la venta de discos de THETA, donde os lo podréis llevar con una dedicatoria muy especial, al precio de 10€.

La inscripción para acceder a la jornada la podéis hacer en lactanciamorata@gmail.com y la entrada consiste en traer 1 kg de alimentos no perecederos por persona que irá destinado a la fundación Cáritas.

Así que así ando, preparando bien el concierto del domingo, que espero os emocione a las familias que deseéis pasar una mañana en tribu, cambiando el mundo. ¡Allí os espero!

 

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Bautizo de leche

La lactancia materna a demanda tiene estas cosas, evoluciona según va creciendo el bebé y de pronto un día sorprendes a tu hija tomando teta en una postura imposible haciendo casi el pino-puente o mamando en la distancia con un “bautizo de leche”. Sí, habéis leído bien: mamando a distancia, y es que a Zoe le encanta que caiga en su boca un “chorrito” de leche.

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El nacimiento de la Vía Láctea, de Pedro Pablo Rubens
(Museo del Prado de Madrid)

Igual os parece raro o lo mismo por el contrario os veis identificadas. Mi hija a veces me pide “chorrito” en lugar de “tetita” y claro, no siempre se acierta en el agujero y acaba recibiendo un bautizo de leche por toda la cara con su consiguiente carcajada de la mano. Nos lo pasamos a lo grande con nuestros juegos de amor y leche, ahora que la lactancia está más que instaurada y que podemos expresar cada una nuestras preferencias y las dos las entendemos y respetamos. Antes llorábamos por las esquinas, una porque tenía hambre o quería consuelo y la otra porque se veía torpe y le asustaba el dolor de la mastitis. Ahora si yo no quiero darle pecho en un momento dado se lo digo y explico y cuando ella quiere tetita (o chorrito) me lo dice también. A veces se despide de la teta dandole un beso y un abrazo, a veces le da las buenas noches y la tapa con la camiseta… los juegos y la comunicación son infinitos y me encanta que así sea.

La lactancia prolongada tiene estas cosas y así las disfrutamos.

¿Os apetece compartir cosas divertidas sobre vuestras lactancias prolongadas?

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¿Dónde está el Planeta Parto? ¡Y yo qué sé!

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He leído algunos libros que cayeron en mis manos durante mi embarazo y que seguro os suenan y muchxs de vosotrxs habréis leído también. Libros que “estaban de moda” en la red maternal donde me movía, escritos en muchos casos por expertos en ciertas áreas cercanas a la maternidad (ginecólogos, matronas, pediatras…), gurús en la materia en la que vivía inmersa día y noche: Iba a ser madre y necesitaba documentarme.

Seguro que a muchxs os pasa, ya seáis madres o padres primerizos, que de pronto sentís un abismo ante vosotros, “no tengo ni idea de lo que me espera”, “No tengo ni idea de LO QUE SE ESPERA DE MI cuando me convierta en madre/padre”. Y de esto trata este post.

Me centraré más en el papel de la mujer que dentro de poco se convertirá en mujer-madre y no tiene ni idea de lo que significa eso (obvio por otro lado, nunca ha sido madre antes) y se preocupa por “hacerlo bien”. Entonces se lee todo libro sobre parto-maternidad-crianza-lactancia que cae en sus manos, o le recomienda su red maternal, o de pronto se convierte en best seller, o el cual se comenta y recomenta positivamente en redes sociales. Y de pronto comienza a familiarizarse con términos como “puerperio”, “lactancia en tándem” o “planeta parto”. Quiere hacerlo muy bien y visiona “partos orgásmicos” en Youtube y se empieza a dar masajes perineales con aceite esencial X y asiste a alguna sesión de hipnoparto. Además no se pierde su clase semanal de “yoga para embarazadas” y se apunta a un intensivo de canto prenatal porque ha oído que la cavidad vaginal está íntimamente relacionada con la cavidad bucal. Quiere estar preparada, quiere hacerlo muy muy muy bien.

Dejando claro que opino que la información es poder y que yo fui la primera que hizo, si no todo, buena parte de lo que cito arriba, quería añadir que muchas de las expectativas que yo misma me creé sobre mi parto-lactancia-puerperio-crianza dista mucho de lo que luego viví realmente. Y cuando lo viví me sentí en ocasiones juzgada. Juzgada por muchos a mi alrededor pero fundamentalmente juzgada por mí misma y todo lo que había leído-visionado-aprendido en los meses de embarazo. No sé si me explico. Pondré un ejemplo:

El Planeta Parto. ¿Dónde está? ¿Qué es? ¿Me fui mientras parí a mi hija? ¿hubo alguna interferencia durante el mismo para que no pudiera embarcarme en el viaje?….

Y digo yo: ¿qué más da? Parí a mi hija, me dejé llevar, tuve la suerte de decidir dónde parirla y quién me acompañaría en ese momento. Me sentí respetada en mis decisiones. ¡Pues ya está!

Con esto no pretendo dar lecciones a nadie, simplemente quería plasmar que hoy me doy cuenta de que cada mujer es única en el mundo y que no existen fórmulas universales para parir, ni para lactar y mucho menos para criar. Que si Michelle Odent dice que la presencia del padre entorpece el proceso de parto se equivoca, porque en mi caso eso no ocurrió. Que si Thomas Verny y John Kelly dicen que todo lo que nos sucede durante los nueve meses de gestación moldea nuestra personalidad, motivaciones y ambiciones significa que miles de mujeres embarazadas vivirán esta experiencia como un intento imposible de mantener un estado de equilibrio emocional constante (con la ansiedad que provoca eso, por otro lado). Que si Rosa Jové dice que no le gusta la palabra “límite” me niego a sentirme mal si en mi circunstancia personal no quiero borrarla de mi diccionario.

Y como estos, mil ejemplos más. No me arrepiento de haberme documentado, de hecho sigo leyendo sobre maternidad y crianza pero sí me queda un amargor de haberme dejado influenciar en exceso por estos gurús que en su día me señalaron con el dedo y me dijeron: “Yo conozco el secreto para hacerlo muy bien”.

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NO justifico la violencia. SÍ entiendo a esa madre.

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Antes de ser madre, cuando veía a una mujer gritando a su hijx por la calle o perdiendo los nervios en el metro, automáticamente me preguntaba ¿Por qué ha tenido un/a hijx? ¿Es consciente del impacto negativo que esa acción le está causando a ese/a niñx? Incluso en alguna ocasión llegué a intervenir y mostrar mi rechazo ante la agresión. 

Hoy sigo siendo consciente de la repercusión de nuestras acciones en el desarrollo emocional de nuestrxs hijxs y me esfuerzo mucho más que antes en controlar ciertas emociones negativas a la hora de descargarlas en otros.

Sin embargo, hoy, cuando veo a una madre desbordada en el parque o volviendo de hacer la compra e intentando abrochar el cinturón de la sillita a su hijx entre gritos y amenazas; (además de preocuparme por lo que ese bebé está recibiendo) pienso en la madre: ¿Cuantas horas llevará a solas con su hijx? ¿Alguien comparte con ella las preocupaciones domésticas? ¿Tiene apoyos familiares? ¿Se sustenta en alguna red materna, ya sea online como presencial? ¿Cuanto tiempo tardará en arrepentirse en lo más profundo de su ser, por cómo está tratando ahora a la criatura que llena cada día su vida? ¿Cuánta presión arrastra al cabo del día por el entorno? ¿De donde saca la fuerza esa mujer para cargar con su hijx al pecho mientras que en cada una de las manos sujeta una bolsa bien cargada de comida? ¿Cómo no se ha roto ya la espalda? ¿Estará soportando esta madre los trastornos del sueño de su hijx? ¿Estará pasando por alguna fase de agitación del amamantamiento? ¿Descansa? ¿Cuantas “rabietas”, antes de esta, habrá sobrellevado a lo largo de día (y la noche) con toda la paciencia del mundo? ¿Qué libro de crianza releerá esta noche cuando su hijx coja el sueño para no cometer el mismo error mañana?…

Hoy sigo pensando que no existe justificación alguna para maltratar a un/ hijx. Pero hoy, además, pienso que las madres somos humanas.

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La mochila del cole: Tutorial

Hace tiempo que quería ponerme a escribir el tutorial de cómo elaboré la mochila del cole para Zoe. Fueron varias las mamás que al ver este Miércoles Mudo, lo pidieron y por fin aquí os lo traigo. Quizás ya esté el tema un poco pasado, ya que el cole empezó hace tiempo, pero igual podéis hacer una bolsita con algún motivo navideño o quizás para el curso que viene.

A mi favor diré que jamás había cosido nada, pero me hacía muchísima ilusión crear algo artesano que acompañara a Zoe cada mañana en mi ausencia y le dediqué tiempo y mucho amor. Una amiga me prestó su máquina de coser, la cual casi me cargo en un imposible intento de colar el hilo por quince mil huecos distintos y retorcidos hasta enebrar la aguja al final. ¡Todo un show! Finalmente decidí coser a mano toda la mochila. Si tenéis maña con la máquina, seguro que os resulta mucho más rápido y sencillo.

Bueno, allá voy:

Cuando se me ocurrió la genial idea de coser a mano una mochila para mi hija no dudé en buscar en youtube y la blogosfera maternal tutoriales o patrones para su realización. Buscando y buscando topé con esta iniciativa: Cose con nosotras una mochila de las autoras de los blogs Para mi peque con amor y Mi rincón de mariposas, donde explicaban paso a paso cómo hacer una mochila sencilla y también otra con bolsillos. Yo al final opté por algo intermedio, una mochila sencilla con un bolsillo exterior sin solapa, muy simple también. (Si queréis seguir los patrones que ahí aparecen, perfecto. Yo os cuento cómo lo hice yo).

Cogí el patrón de la mochila pequeña pero realmente no presté atención a las medidas y todo lo hice muy a ojo. Yo os las dejo por si queréis seguir el patrón (como hace la gente normal).

Sin título Así que fui a la tienda de retales del barrio y a una lencería y compré:

  • Dos tipos de tela distintos: Una blanca con lunares rojos para la mochila y otra roja (para el bolsillo exterior). Las dos de hilo y la medida mínima que me vendían de cada una.
  • Fliselina termoadhesiva (una entretela termoadhesiva de dos caras perfecta para aplicaciones en camisetas, sudaderas, bolsos, etc. Con la que hice el nombre de mi hija sobre el bolsillo).
  • Un retal de tela blanca que luego serían las letras de su nombre.
  • Cinta blanca (dos trocitos) para colocar en los lados de la parte baja de la mochila y sujetar así las asas.
  • Cordón rojo (1’20 m. aprox.)

Primero corté la tela blanca con lunares en un rectángulo de 20 x 60 cm. y la doblé por la mitad. Coloqué la tela roja encima, calculando a ojo la medida del bolsillo exterior hasta que di con el tamaño que quería y corté el trozo de tela (doble para que resistiera más). Calculad los tamaños siempre dejando uno o dos dedos más de tela para que la pieza final, tras coser, no quede reducido.

Las telas, una vez con la medida elegida las lavé en agua y las tendí. Este consejo me lo dieron en la tienda para que las telas no encogieran una vez cosido el conjunto y estropeara el diseño final. También es bueno doblar y planchar las telas tal cual vaya a quedar el conjunto para ayudar a la hora de coserlas. Tras cortar, lavar y planchar, me dispuse a coser:

Primero hice un dobladillo en la parte superior hacia dentro por donde entraría el cordón. Hay que asegurarse de que el espacio que dejamos es suficiente para el paso de dos cordones. El punto que usé fue el sencillo, como os podéis imaginar (tipo hilvanado pero muy pequeño).

Después coloqué la tela de bolsillo sobre el lugar que le correspondía y dándole la vuelta a la tela de la mochila cosí los laterales de la misma, uniendo la tela roja a la tela blanca de lunares a su paso mientras cerraba el conjunto.

A la vez, corté dos pequeños pedazos de cinta blanca y los coloqué uno a cada lado de la parte inferior de la mochila para dejarlos fijos una vez que iba cosiendo todo el conjunto. Importante, colocarlos de manera que al dar la vuelta a la mochila una vez cosida queden por fuera (lo digo porque me tocó deshacer un lado entero por esta tontería).

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Una vez cosido el conjunto entero, empecé con las letras. Dibujé en una hoja de papel el nombre de mi hija con gruesas letras y las recorté una a una. Luego las calqué del revés en la Fliselina y volví a recortarlas ya en este material. Según las instrucciones del producto, planché las letras una a una sobre el retal de tela blanca correspondiente y recorté la tela con la forma de las letras. Después retiré el papel sobrante y volví a planchar una a una las letras de tela blanca sobre la tela roja del bolsillo exterior.

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A pesar de quedar las letras pegadas, me aconsejaron coser el borde de las letras con un punto festón a mano para hacerlas más resistentes y . Para las novatas en esto, como yo, os dejo un vídeo-tutorial de cómo hacerlo.

Para terminar nuestra mochila cortamos el cordón rojo por la mitad e introducimos un extremo de uno de los pedazos de cordón por el ojal de nuestro dobladillo haciéndolo girar en forma de herradura hasta atravesar las dos partes de tela. Repetimos la operación con el otro cordón pero a la inversa de manera que os queden colgando a cada lado de la mochila dos cordones que ataremos a la cinta blanca sobresaliente en ambos extremos inferiores del conjunto.

Y… ¡Voilà! Ya tenemos una mochila cosida a mano para nuestrxs hijxs. Así quedó la nuestra y así la lleva cada día mi niña a su “cole”.

la foto 2

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Espero que este tutorial os sirva de ayuda por si os animáis a coserle una mochila a vuestrx hijx. Ya me contáis…

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