Miércoles Mudo #11: Maternando en la naturaleza

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“Miércoles Mudo” es un carnaval de blogs o blog hop iniciado por Maybelline de Naturalmente Mamá y participar es muy fácil, solo debes publicar los miércoles una foto (s) sin escribir nada para explicarla (s) (de ahí viene lo mudo). Luego no olvides enlazar en el linky que está debajo y dejar un comentario en cada uno de los blogs que decidas visitar. Para conocer como nació el Miércoles mudo y sus reglas, puedes hacer click aquí.

¡Feliz Miércoles!

 

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Helado de “teto”

Estos días en que el calor sofocante parece haberse instalado sin permiso en nuestros hogares de una forma aplastante, Zoe demanda muchísimo pecho. Necesita hidratarse más que de costumbre y anda todo el día persiguiéndome por casa gritando “teto”, “mamá, teto”. Desde siempre hizo masculina a la teta y le colocó una “o” al final, solo ella sabrá por qué. El caso es que el otro día me puse a hacer helados caseros para los adultos de la casa con soja y chocolate ecológico, y al colgar una foto en instagram, mi amiga Mariadelmar de Siénteme Crianza me recordó la brillante idea que ya había escuchado y leído años atrás en diferentes blogs maternales: ¿Por qué no hacer un helado con mi propia leche y ofrecérselo a mi hija?

En casa no tengo sacaleches, así que me dispuse a ordeñarme de manera manual. Al verme hacerlo, Zoe en seguida señalando mi pecho dijo “tetoooooo”, así que me la puse al pecho que me quedaba libre y de esta forma las dos contentas: ella mamando y yo ordeñándome el otro pecho del que fluía la leche mucho mejor con la estimulación del contrario.

Al cabo de los días este ha sido el resultado: Un rico helado de teto.

la foto 1 Y Zoe encantada con la leche de su madre en formato sólido, bien fresquita para aliviar el dolor de la dentición que ahora además está en pleno auge con el nacimiento de los incisivos laterales. Al principio daba besitos al helado, pero en cuanto ha reconocido el sabor lo ha lamido y relamido como los mayores mientras declamaba un “mmmmmmm” de puro placer.

No lo dudéis ni un minuto, si queréis refrescar a vuestrxs bebés de forma sana y natural ofrecerles helados de vuestra cosecha propia. Yo repetiré la experiencia seguro. ¡Les encanta!

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Los hombres quieren ser mujeres. Y las mujeres… también.

Rectifico el título de esta entrada y digo que algunos hombres quieren ser mujeres, porque no está bien generalizar. Y porque conozco a algún hombre que verdaderamente se siente a gusto con su condición de hombre y la vive desde el respeto hacia las mujeres en toda su plenitud, sin querer invadir nuestro espacio.

Pero por todas es conocido ese otro hombre que se pasa toda su vida ansiando vivir en sus carnes procesos puramente femeninos. Ese hombre que cuando su compañera se queda embarazada o cuando su bebé le da una patadita dentro del útero, pone cara de perrillo degollado diciendo “yo nunca sabré lo que sientes”, y cuando se encuentra con un lejano amigo le dice “¡estamos embarazados!, Pariremos a finales de octubre”. ¿Perdona? ¿”Estamos”? ¿”Pariremos”? No amigo, no. Lamento decirte que es ella quien está embarazada y será ella quién parirá a finales de octubre, tú no.

Parece que en este mundo dominado por el género masculino, a las mujeres no nos dejan ni siquiera ser lo que somos: mujeres. Porque el embarazo, el parto, la lactancia… son púramente femeninos, parcelas infranqueables por el hombre, por mucho que se empeñe. Y mira que se empeña. Hoy os vengo a hablar de dos vídeos concretamente, que a cual me ha dejado más perpleja:

Uno es éste de dos tipos a los que no se les ha ocurrido otra cosa mejor que someterse a un doloroso experimento a base de electrodos en el abdomen para experimentar, a lo Jackass, los “dolores de parto”. Juzgad vosotras mismas.

Y visto el vídeo, me surgen varias preguntas:

  1. ¿Se puede ser más burro? Quiero decir, ¿qué necesidad hay de ponerse unos electrodos en el abdomen y recibir descargas eléctricas así como así? No entiendo hasta dónde puede llegar la estupidez humana, me sorprendo cada día.
  2. Si el experimento consistía en experimentar lo que vive una mujer de parto, ¿porqué centran el experimento en el dolor de abdómen? Un parto es mucho más que un dolor de tripa.  Si estos dos mendas pensaban que por sufrir inútilmente colocandose cables en el abdómen iban a saber lo que es parir, están muy equivocados. Parir es dolor, placer, entrega, apertura, catarsis, oxitocina, endorfinas, camino, luz, sombras, acompañamiento, reto, carrera, pausa, cansancio, fuerza, poder… pero sobre todo es amor, kilos y kilos de amor por todas partes.
  3. El que el experimento se lleve a cabo sobre una camilla y sobre la espalda, dice mucho de cómo se asisten la mayoría de partos a las mujeres. No es de extrañar que cuando las descargas eléctricas alcanzan topes importantes estos dos hombres sienten que tienen que cambiar la postura ya que ésta es la menos indicada para parir (en esto el experimento sí ha sido fiel a la realidad). Incluso uno de ellos acaba a cuarto patas.

El segundo vídeo es este otro en el que la gran marca Huggies quiere tener un “detalle” con los padres en su día. Y crea una… faja que… Bueno, verlo y ahora hablamos.

Dejando a un lado la carga emotiva, que obviamente la tiene, por aquello de que son los padres de la criatura y se emocionan, claro está; no hay que olvidar que se trata de un “artilugio” desmadrizador, que pretende, muy osadamente, experimentar las mismas sensaciones que puede llegar a tener una mujer embarazada cuando su hijx se mueve en su interior. En los textos del anuncio aparecen cosas como

  1. “El embarazo siempre fue de ellas”. Y lo seguirá siendo ¿qué os habéis creído?
  2. “Para que ellos también disfruten del embarazo”. ¿Es que no lo hacen ya? ¿No es suficiente ver cómo su compañera cambia fisicamente, tocarle la barriga desde fuera y sentir al bebé, ponerse cerquita y cantar una canción o llamar por su nombre al bebé…?
  3. “Permitiéndoles sentir lo mismo que sienten las mamás”. No te lo crees ni tú, tururú.
  4. “Porque ellos también están embarazados”. De eso nada monadas. De la misma forma que nosotras las mujeres nunca crearemos espermatozoides para eyacular sobre las vaginas de nuestras amigas o amantes, vosotros no os embarazaréis. Nunca, ni aunque os apellidéis Schwarzenegger y hagáis una peli. Nunca. Asumidlo.

En fin, que necesitaba escribir sobre esto. Que los hombres y las mujeres necesitamos vivir en plenitud, desde nuestras naturalezas, complementarias y maravillosas cada una en su parcela. Que igualdad no significa usurpamiento de la personalidad, ni significa limitar al sexo contrario sus funciones biológicas. Que igualdad significa RESPETO y cooperación. Si quieres igualarte a tu compañera cuando la ves amamantando a vuestrxs hijxs, colócale una almohada para que se sienta más cómoda o tráele un vaso de agua, ya que cualquiera de las dos cosas son fundamentales para que la lactancia se disfrute verdaderamente. De esta forma estarás participando en la alimentación de tu bebé tanto como ella. Repito, cada uno desde su condición humana natural.

No queramos ser todos mujeres, sé que mola, (a mí me mola); pero ser hombre también debe ser divertido ¿no? No sé, nunca me lo había preguntado antes. No me interesa. Me preocupo de vivir intensamente lo que soy, ni más ni menos.

 

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El primer amor se llama “amor de leche”

Hay tantas historias de lactancia como historias de amor. Y cada una de ellas además están protagonizadas por una mujer y un bebé distintos a otros. En cada historia hay dudas, consuelo, lágrimas, sonrisas, miedo, amor, angustia, cansancio, fortaleza, ganas, deseo, sueños, milagros, tiempo, lucha, constancia, abandono, temeridad, confianza, superación, sorpresa… y mil cosas más.

Nuestra historia de amor, o de lactancia, o de las dos, fue muy dura al principio, pero una cosa estaba clara y era mi deseo de amamantar a mi hija. Ese deseo era tan fuerte, que ni el dolor, ni el cansancio, ni las lágrimas, ni los comentarios de la gente… pudieron con él. Sufrí una mastitis subclínica casi desde el momento uno y ahora lo recuerdo como un mal sueño porque aquel dolor no podía ser real. Sin embargo lo era y sufrí mucho. Me veo a mí misma botando de dolor en la cama, tensando el cuerpo al máximo, mordiéndome la boca hasta hacerme heridas. Cada grieta en mi pezón, cada movimiento de lengua de mi pequeña al succionar, cada roce de ropa… uf! dolía, claro que dolía. Pero dolía mucho más el ver que mi deseo se iba a quedar en eso, en un simple deseo sin cumplir.

No me iba a resignar, no después de haber parido a mi hija de la forma que la parí; no después de haber imaginado tantas veces ese momento de lactancia placentera. NO.

Así que empecé un tratamiento con probióticos a los 8 días de nacer mi hija, que aún continúo (aunque con menos dosis) 8 meses después. Me puse en manos de un veterinario, sí, por ser el mayor experto en mastitis humanas de España. Y gracias a su investigación a través de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, pude tratarme completamente gratis. Gracias Juan Miguel.

Mientras tanto el tiempo pasaba, y la boca de mi pequeña crecía. Ella empezó a aprender a mamar mejor, abriendo más la boca y yo por mi parte empecé a coger maña a la hora de colocarla al pecho. La miraba, la miraba constantemente: despierta, dormida, mamando… Y empecé a amarla como se merecía. Nunca olvidaré cómo me acarciaba el costado siempre que la ponía al pecho al principio; me daba ánimos con esa caricia, sentía como me decía “gracias mamá, lo estás haciendo fenomenal”. Y el dolor se fue haciendo cada vez más liviano, más soportable. La resistencia dejó paso a la aceptación y la lactancia se instauró. No sustituí una sola toma por leche de fórmula. Mi deseo se hizo realidad.

El primer amor nos puede sobrepasar porque es demasiado nuevo, desconocido, torpe, inseguro… pero con el tiempo los amores maduran, crecen, se enraizan y crean sólidas estructuras, se hacen expertos y poderosos. Los amores de leche nada tienen que ver con los dientes de leche, aunque compartan apellido. No se sustituyen por nada. Son definitivos.

Dibujo de K.M. Berggren

Dibujo de K.M. Berggren

Esta canción es un canto a la lactancia y está dedicada a todas las mujeres que desean amamantar. ¡Leche para todxs! (Podéis escucharla pinchando sobre el enlace a BandCamp)

AMOR DE LECHE

Te rodeo con mi brazo. Te aseguras de que soy yo.
Hoy mi leche se abre paso desde el mismo corazón.

Visualizas cómo late, marca el ritmo de succión.
Y ya duermes mientras pienso: poderoso es este amor.

(Estribillo): Amor del bueno, amor sin miedo,
amor de leche. Poderoso es este amor.

No lo he visto, no lo he hecho, pero sé que mi interior
desenreda la cadena que heredamos con honor.

Tú me miras, yo te mimo. Tú respiras yo suspiro.
Y aprendemos cada paso de este baile a dos tranquilo.

(Estribillo)

Cuando la sombra te atrape: respira.
Deja a tu llanto brotar al compás.
Cuando la vida atraviesa derriba todo.
Toma conciencia y vuelta a empezar.

Me acaricias el costado.
Mi otro pecho goteando.
Vas creciendo, voy creando.
Todo fluye a tu lado.

(Estribillo)

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Amor a primera vista. ¿Existe?

Seguro que habréis leído en innumerables artículos o blogs sobre maternidad que el vínculo entre madre y bebé es algo importante, casi sagrado. Por nuestra naturaleza mamífera, madre y bebé deben ser una díada para que la lactancia se lleve a cabo y se asegure la supervivencia de la especie. Además la cría humana nace “inmadura”, de hecho al periodo posterior al nacimiento se le llama exterogestación, porque en cierta forma, la última etapa de desarrollo del bebé (hasta los dos años aprox.) se lleva a cabo tras el nacimiento, fuera del vientre de la madre.

Por todo ello es fundamental la NO SEPARACIÓN de madre-bebé tras el parto, para favorecer ese vínculo primario imprescindible. La abusiva medicalización del parto, así como las intervenciones de rutina según los protocolos de muchos hospitales dificultan enormemente este vínculo.

Según la escritora y feminista Casilda Rodrigáñez:

En todos los mamíferos hay una impronta o atracción de la madre hacia su cachorro que se le queda psicosomáticamente “imprimida”. Se trata de un estado de simbiosos entre madre-criatura que necesariamente implica la mayor catexia libidinal de toda nuestra vida.

In the mirror

Esta impronta es lo que denominan muchas mujeres como “amor a primera vista” con su bebé. A veces esa primera mirada tras el parto, esa conexión profunda entre madre y cría a través de los ojos te hace vivir un verdadero sentimiento de enamoramiento. Te engancha, como la más dura de las drogas. Hormonas como la oxitocina o las endorfinas ayudan a que esa impronta surta efecto y hacen que tras el parto nos encontremos literalmente “en una nube”.

Pero en ocasiones no es un amor a primera vista lo que siente una madre al parir a su hijo/a. A veces el vínculo tarda en producirse. Puede que sea por una separación temprana, como decía; o por un entorno poco favorable, como puede ser el hospital o la casa llena de gente (las típicas visitas) sin tiempo para profundizar en esa relación entre madre y criatura; quizás también el que exista algún problema físico, como puede ser una fuerte migraña tras la analgesia epidural o fiebre por algún tipo de infección o quizás problemas para comenzar la lactancia, dificulta esta conexión.

Yo tuve un parto cero intervenido, fue en casa y no hubo separación en ningún momento. Es cierto que aquella primera mirada me atrapó pero reconozco que el vínculo se formó más tarde. Quizás fue debido a la mastitis subclínica que padecí los primeros meses. Una mastitis que no me dejó disfrutar como hubiera deseado de esos primeros momentos de vida de mi bebé. Incluso llegué a sentir algo de rechazo porque el contacto con ella era sinónimo de sufrimiento para mí.

Con el tratamiento adecuado y sin sustituir ni una sola toma por leche de fórmula, empecé a acercarme a ella, a cogerla en brazos mientras dormía, a contemplar cada gesto, cada gorgojeo… y entre tanto la lactancia se estableció y yo me empoderé en mi rol de madre. El vínculo se dio poco a poco, de manera natural, en nuestro tiempo y nuestro espacio. Ahora vivo un romance profundo con mi hija y siento que, aunque lo nuestro no fue un flechazo, cada día crece nuestra intensa historia de amor.

¿Cuándo creaste el vínculo con tu bebé? ¿Te animas a compartir tu historia?

photo by: Pavel P.
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Discos de lactancia: Todo un mundo por descubrir

Hay mujeres que jamás usan discos de lactancia. Ese no es mi caso y si tú eres de las mías, quizás te hayas visto en la misma tesitura que yo, intentando encontrar el “disco perfecto”.

Desde que nació Zoe he probado infinidad de discos, porque entre otras cosas, tuve una mastitis subclínica y cualquier cosa que rozara mis pezones me hacía ver las estrellas y parte de la galaxia. Además, siempre he tenido pérdidas de leche, y en más de una ocasión me he visto obligada a llevar camisetas de repuesto en el bolso.

Durante mi puerperio recuerdo explotar en mil lágrimas cuando notaba empapado el pijama por la noche y me sentía incómoda por la humedad. Pensé que jamás sería capaz de controlar todo ese desbordamiento que brotaba de mis pechos y, aunque siempre quise amamantar a mi hija y en eso no dudé, se me hacía un mundo “dar la teta” al principio.

Por suerte el cuerpo es muy sabio, y si se da el pecho a demanda, mamá y bebé se autorregulan y hacen que el pecho produzca lo necesario en cada momento. Ni una gota más, ni una menos.

Como he probado varios tipos de discos, os quiero mostrar mi experiencia con cada uno de ellos y otras opciones o accesorios, para que ese inicio de lactancia sea lo mejor posible. Ahí va:

  • Discos de celulosa desechables “Hippos” del mercadona:
Caja de discos de lactancia desechables Hippos

Caja de discos de lactancia desechables Hippos

Estos discos desechables los he usado mucho, pero a mi manera. Me explico: nunca pude usar discos de celulosa, pero, hay que ser franca, nada absorbe más. Así que de noche los usaba como empapadores, tumbada de lado, colocándolos uno debajo del pecho que alimentaba a mi hija y el otro en el canalillo, para que lo que goteara, cayera sobre el disco. También durante el día, cuando estaba con la mastitis, en casa siempre iba con el pecho al descubierto y los dejaba en la parte baja del sujetador de lactancia para que hicieran el mismo efecto empapador.

  • Discos de lactancia lavables “siempre-seco”:
Imagen sacada de www.ohlaluna.com

Imagen sacada de www.ohlaluna.com

Los prové porque no eran celulosa, y aseguraban un “siempre seco”. Por mi mastitis me aconsejaron tener el pecho seco el máximo tiempo posible para evitar la proliferación de bacterias y más en mi caso, que llegué a tener unas grietas horribles. Su efecto seimpreseco se consigue gracias a una capa en contacto con la piel de polipropileno y poliester. Estos discos son muy absorbentes, cierto. Pero a mí no me fueron del todo bien ya que son muy grandes (y yo tengo el pecho pequeño) y no tienen adesivo, por lo que bailan muchísimo en el sujetador. Además, la textura tipo forro polar a mí me picaba un poco.

  • Discos de seda /lana lavables. (Terapéuticos):
Imagen sacada de www.ohlaluna.com

Imagen sacada de www.ohlaluna.com

Estos discos los compré animada por su carácter terapéutico. La seda tiene propiedades curativas en contacto con la piel, de hecho se ha usado como vendaje natural desde la antigüedad, además es un tejido vivo; al igual que la lana, la cual tiene propiedades absorbentes y transpirables. Pero en mi caso, no sé muy bien por qué, se me puso el pezón muy rojo y me escocía. Quizás se estaba dando eso de “si duele es que cura”, pero yo no los aguantaba. Conmigo no funcionaron.

  • Discos lavables de algodón orgánico:
Imagen de www.tetatet.es

Imagen de www.tetatet.es

Estos han sido los únicos discos de lactancia que yo he podido llevar sin molestias sobre el pezón. La imagen está sacada de la web de Tetatet porque fue donde los compré yo, pero se pueden encontrar en muchas tiendas, tanto físicas como online. Se trata de discos de algodón orgánico que tienen un contacto con la piel súper suave. La capa interior es de tela de PUL que hace las veces de hipermeable. El inconveniente que yo veo de estos discos es que absorben poco (por lo menos en mi caso que tengo muchas pérdidas de leche) y que no tienen efecto siempreseco.

  • Conchas recolectoras de leche:
imagen de www.ohlaluna.es

imagen de www.ohlaluna.es

Estas conchas o copas o como las queráis llamar, no son discos de lactancia, pero en mi caso fueron de gran ayuda cuando no soportaba ningún roce en el pecho. Se trata de unos pequeños dispositivos realizados en silicona flexible, que se ajustan suavemente sobre el pecho y van recogiendo la leche que gotea. Cuando salía a la calle sobre todo y me veía obligada a no llevar el pecho al descubierto, eran la opción ideal. El inconveniente que pueden tener es que la presión que ejerce la concha sobre el pecho (aunque es ligera) puede llegar a obstruir alguno de los conductos galactóforos y esto es una de las causas de mastitis. Con lo cual yo dejé de usarlas en cuanto me enteré.

Bueno, pues este ha sido el mini resumen de los tipos de discos que conozco y que he usado. Yo creo que a cada mujer le va bien un tipo de disco diferente y mi recomendación es ir probando hasta dar con “EL DISCO”. De hecho, puede ser que a lo largo del periodo de lactancia te vaya bien discos distintos. Yo, a día de hoy, lo que me he inventado, con la lactancia ya establecida y recuperada de la mastitis, es llevar los discos de algodón entre tomas y cuando le doy el pecho, colocarme de forma provisional unos de celulosa para esas abundantes pérdidas de leche. Por la noche siempre duermo sin sujetador y uso los discos desechables como empapadores sólo cuando mama mi hija.

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