Las mujeres que (no) amaban a los hombres

Hoy vuelvo a escribir en el blog.

Sabéis que no lo hago a menudo, que no sigo un orden lógico de publicación, que hace tiempo decidí no ser esclava de la blogsfera maternal y “escribir por escribir” sólo por mantener fieles a mis “seguidores”. Pero hoy quiero escribir.

Llevo unos días cabreada. Mucho. Muchísimo.

Me ha costado un rato darme cuenta de que lo que estoy es cabreada, porque… en realidad yo no sé enfadarme. Me han educado (no sólo mis padres, sino la sociedad entera) a no descargar mi ira ni expresar mi rabia, a no ser capaz de identificar mi agresividad. ¿Qué pasa entonces con esas emociones? ¿No existen? ¿Quedan anuladas? ¿Desaparecen dentro de mí? No. 

Atenta a ésto que voy a escribir, mujer: Las patadas que no das a otro, te las das a ti misma.

Pues eso, mi agresividad no se esfuma por arte de magia sino que arremete contra mí sin yo saberlo. De tanto golpearme internamente, de tanto descargar ira contra mí, acabo abatida, agotada, apática… Esas emociones son las que muestro, esas sí se ven. Estoy cansada, agotada, hastiada… No, querida, lo que estás es muy enfadada y lo que necesitas no es tirarte en el sofá a dormir-llorar, lo que necesitas es descargar tu ira hacia afuera.

Bien, ya sé cual es la emoción origen. Ahora hay que identificar qué me provoca esa emoción. Uf, ¿por dónde empezar? En un patriarcado es difícil elegir una sola cosa por la que estar furiosa.

  • Estoy cabreada por no ser capaz de cabrearme, para empezar.
  • Por sentir que todas mis decisiones pueden ser cuestionadas o directamente arrebatadas por el sistema, que decidirá por mí.
  • Por ver cómo mis derechos como ser humano pueden verse violados en cualquier momento por el simple hecho de ser humano-hembra.
  • Cabreada por ver cómo los cuidados son el último eslabón al que prestar atención real en política.
  • Por aceptar que no puedo ser libre. Solo valiente.
  • Por ver cómo se ejerce violencia jurídica e institucional a diario contra las mujeres.
  • Por ver cómo los derechos de los padres están por encima de los de las madres. Sí, eso viene a recordarnos la última medida aprobada por unanimidad en el congreso referente a permisos igualitarios e intransferibles para madres y padres.
  • Cabreada por ver cómo los dirigentes mundiales dejan morir gente en nuestras costas, como levantan muros, como encarcelan niñxs y los separan de sus familias…
  • Estoy cabreada por tanto y desde hace tanto… por cosas que no he llegado a vivir, pero las siento mías. Siento una furia profunda cuando pienso en la vida de mis abuelas o la de sus madres, o la de las madres de sus madres…
  • Cabreada por saberme vulnerable de ser violada, asesinada, humillada, abusada, en cualquier momento.

A veces deseo ser yo la que viola, la que usurpa derechos, la que asesina, la que esclaviza, la que decide, la que dirige, la que increpa, la que intimida, la que antepone unos derechos sobre otros, la que humilla, la que acosa, la que declara la guerra y la ejecuta, la que destruye, la que cosifica, la que opina sobre paternidad, la que gana custodias, la que secuestra, la que amenaza, la que aprieta el gatillo, la que derrama ácido, la que explota al otro, la que utiliza el cuerpo de ellos como vasijas, a la que se la considera “genia”, “artista”, “líder”, “Diosa”, a la que se venera, la que corrompe, la que engaña, la que infantiliza, la que tiene una actitud maternalista, la que cuenta chistes hembristas, la que actúa en manada, la que ocupa la esfera pública, la que da lecciones de vida, la que se despatarra en el metro, la que juzga, la que sentencia, la que obliga a un hombre a ser padre, la que gana más dinero, la del privilegio, la que es humano-alfa, la matriarca, la que manipula, la protagonista, la que gobierna su vida y la del resto, la que encarcela, la proxeneta, la putera, la que deja morir a otros en alta mar, la que levanta muros, la que deja caer bombas, la que experimenta químicamente con otras especies, la dueña de una gran multinacional, la que gana mundiales de fútbol y se le reconocen esos logros, a la que fichan por cantidades desorbitadas de dinero en los mejores clubs deportivos, la que tortura hasta la muerte, la que disfruta de la vida sin más preocupaciones, la que es LIBRE…

Luego me doy cuenta de que todo esto no es un deseo real, sino un sentimiento de venganza profundo contra el género masculino. Yo no deseo ser el hombre hegemónico, deseo vengarme de todo el daño causado por él.

Amo a los hombres. Y ésto (en el fondo) también me cabrea.

 

(Siento si esta entrada no es lo que se espera de un blog sobre maternidad consciente y crianza respetuosa, pero si esto ha servido para dejar plasmado por escrito que las madres sentimos rabia y agresividad y a ti, madre que estás leyendo esto, te ha servido para validar esas emociones dentro de ti, el objetivo por mi parte queda cumplido)

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